Repasaremos en este artículo algunas nociones básicas sobre la displasia de cadera en perros, tema que tanto asusta y tan mal suena sobre todo en círculos de criadores caninos.

¿Qué es la displasia de cadera?

La displasia de cadera es la falta de congruencia entre dos superficies articulares, la cabeza femoral y el hueco en el que debe encajar dicha cabeza en la cadera, es decir, el acetábulo.

Fig.1: Cadera normal. Nótese la profunda introducción de la cabeza femoral dentro del acetábulo, su forma esférica y la estrecha y concéntrica línea articular.

El origen de dicha enfermedad es multifactorial y no se puede establecer una sola causa como origen concreto de la enfermedad.

Evidentemente esta demostrada la predisposición genética y por ello los clubes de raza que se precien deben controlarla de una manera exhaustiva. Pero no solo debemos atribuir a los progenitores la existencia de displasia ya que hay animales nacidos de padres “libres” que desarrollan la enfermedad. El exceso de peso, el excesivo ejercicio, traumatismos leves y continuados, infecciones articulares y el aporte indiscriminado de suplementos minerales como el calcio pueden provocar la displasia en perros que por genética no debería serlo. Además de esto hay una clara predisposición racial ya que, como todos sabemos, la enfermedad es típica de razas grandes, en las cuales el crecimiento durante los primeros meses de vida es muy acelerado y se produce una excesiva separación entre el fémur y la cadera, con una excesiva “holgura” en la cápsula articular que al final termina desarrollando la displasia.

Pero por otro lado esta “holgura” en la articulación es típica de animales en época de crecimiento y por tanto no se puede diagnosticar tan sencillamente que un cachorro vaya a ser displásico cuando sea adulto.

¿Cómo se diagnostica la displasia?

En la actualidad hay técnicas como el “método radiográfico de distracción” que permiten orientar un posible diagnóstico de displasia en animales mayores de 4 meses de edad, y la técnica consiste en hacer una serie de radiografías en las que artificialmente se “saca” la cabeza femoral del acetábulo – mediante un posicionamiento adecuado – y se mide el grado de laxitud de la articulación. Si ésta es muy alta podemos predecir una posible displasia cuando el animal sea mayor.

Pero no es hasta el año de edad cuando se realiza el diagnóstico definitivo, ya que se considera que a esta edad el animal ya tiene las articulaciones completamente formadas y podemos ya evaluar el grado de congruencia entre las 2 superficies.

Básicamente, la postura que se emplea para el diagnóstico lo que pretende es lo mismo que lo que comentábamos en los cachorros: en primer lugar el animal debe estar obligatoriamente dormido y hay que situarlo boca arriba, con las 2 extremidades posteriores extendidas y paralelas a la mesa y con rotación interna de ambas rodillas. Con ello lo que se pretende es “sacar” la cabeza del fémur del sitio, como antes hemos comentado y evaluar el grado de laxitud articular.

Por ello es obligatorio que el animal se encuentre bajo anestesia general ya que sino la contracción de los músculos nos puede llevar a resultados engañosos. Si se trata de una articulación muy “suelta”, las dos superficies que habitualmente deben ser paralelas, perderán su paralelismo y ello nos permitirá diagnosticar la displasia.

Estructuras de cadera

Aparte de esto hay que valorar también otra serie de estructuras de la cadera que deben tener una morfología determinada. A saber:

  • El hueco donde se inserta la cabeza del fémur (el acetábulo) debe ser profundo para poderla alojar perfectamente.
  • El reborde anterior del acetábulo debe tener un contorno afilado.
  • La cabeza femoral debe ser redonda y separada claramente del cuello.
  • Debe existir un ángulo determinado entre el cuello y el eje largo del fémur.
  • Como hemos comentado anteriormente el espacio articular debe ser estrecho y concéntrico.
  • Por último ninguna de las dos superficies articulares debe presentar signos de artrosis, ya que ello indica inequívocamente –salvo que haya otras enfermedades concomitantes- que la cabeza femoral ha estado “bailando” suelta dentro del acetábulo y como consecuencia de los golpes producidos se ha desarrollado una artrosis.

¿Cómo se mide la displasia?

Como podemos ver, la mayoría de los parámetros que se miden para evaluar la displasia son subjetivos (cabeza más o menos redonda, congruencia con el acetábulo etc.), por ello, y para dar una visión más objetiva se han desarrollado ciertos parámetros cuantificables el más famoso de los cuales es el ángulo de Norberg. Pero hay que destacar que el ángulo de Norberg no es ningún invento milagroso que nos permite decir si un animal es displásico o no. Se trata tan solo de una medida que indica el grado de asentamiento de la cabeza femoral dentro del acetábulo y por lo tanto no se le puede considerar aisladamente sino en conjunto con todo el resto de observaciones subjetivas. Por ello nos enfadamos tanto cuando una radiografía “dudosa” que nosotros consideramos como buena nos la tachan de displásica, y esto es en gran medida porque depende mucho del ojo que la mire y la altura a la que se ponga el listón.

Pues bueno, una vez examinadas las radiografías, y en función de todos los parámetros que antes hemos considerado y de alguno un poco más específico, podemos clasificar al animal como:

  • A. Normal. Sin indicios de displasia.
  • B. Forma de transición.
  • C. Ligera displasia coxofemoral.
  • D. Mediana displasia
  • E. Grave displasia.

Fig. 2. Mediana displasia coxofemoral. Observamos que el acetábulo es más plano, las cabezas femorales no son esféricas y el espacio articular es muy ancho y divergente.

En función del dictamen del comité evaluador nos estará o no permitido reproducir con dichos perros a través del club, ya que como hemos comentado anteriormente se trata de una enfermedad con un alto componente hereditario y por lo tanto debemos desechar como reproductores a los animales enfermos.

Tratamiento para la displasia en perros

En cuanto al tratamiento de la enfermedad, actualmente hay importantes avances que hacen que un animal displásico pueda ser tratado y lleve una vida más o menos normal como animal de compañía.

Fig. 3. Displasia coxofemoral grave. Las cabezas femorales están aplanadas y completamente fuera del acetábulo, se observan signos de artrosis en el acetábulo situado a nuestra izquierda.

En la actualidad, y dado el enorme avance de la medicina veterinaria, la displasia ya no es una enfermedad incurable ni de “sacrificio casi obligatorio”, ya que existe gran variedad de métodos que pueden hacer que nuestra mascota tenga una calidad de vida normal.

Podemos establecer desde tratamientos análgesicos destinados a eliminar el dolor en animales con evidentes molestias a sustancias que retrasan el envejecimiento del cartílago y por tanto la aparición de signos dolorosos por artrosis.

Tratamientos de displasia a través de cirugía

En el caso de displasias graves deberemos recurrir casi necesariamente a la cirugía. Actualmente se cuenta con los siguientes métodos quirúrgicos:

  • Osteotomía triple pélvica: Es la gran novedad de estos últimos años. Destinada a animales menores de una año y que no presenten signos de artrosis. La intervención consiste en liberar el acetábulo rompiendo para ello la cadera por 3 sitios para después poder orientarlo abrazando la cabeza del fémur. Se trata de una técnica que ofrece un muy buen pronóstico ya que la articulación vuelve a una situación que podríamos denominar “normal” y aunque no debamos reproducir con el animal, seguro que va a poder llevar una vida completamente sana.
  • Osteotomía de cabeza y cuello femoral: destinada a animales mayores de un año o con procesos artrósicos en la cadera. Consiste en amputar la cabeza del fémur, con lo cual se elimina el dolor producido por el roce y se forma una pseudoarticulación fibrosa que permite al animal suprimir el dolor. Tras esta intervención observaremos que a la hora de correr siempre se les aprecia una ligera debilidad en el tercio posterior. En principio se trata de una cirugía que desde el punto de vista teórico está destinada a animales de menos de 25 Kilos de peso, pero en nuestra experiencia ofrece grandes resultados incluso en animales más pesados.
  • Prótesis total de cadera: consiste en suprimir completamente la cabeza, el cuello femoral y el acetábulo y sustituirlos por otros artificiales. Presenta grandes ventajas pero también algunas desventajas como la posibilidad de rechazo y el elevado coste.

No nos extenderemos más ya que podríamos estar disertando sobre displasia horas y horas. Nos conformamos simplemente conque tengáis una noción básica de la enfermedad y sepáis lo que realmente evaluamos los veterinarios cuando damos un dictamen sobre displasia.