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¿TENGO QUE VACUNAR A MI GATO?

Esta es una de las preguntas más habituales con las que nos encontramos los veterinarios especialistas en pequeños animales.

Generalmente los propietarios piensan que no es necesario someterles a la vacunación puesto que su gato no va a salir de casa y es por tanto imposible que pueda adquirir ninguna enfermedad. Pero nada más lejos de ello por las razones que a continuación vamos a explicar.

En primer lugar debemos de tener en cuenta que existen gran cantidad de enfermedades infecciosas y parasitarias que son transmitidas de las gatas a su descendencia, algunas de las cuales son transmisibles también a las personas. Muchas de estas enfermedades pasan desapercibidas y el animal no las manifiesta hasta que , por cualquier causa, tiene lugar una bajada brusca de defensas y se desencadenan toda la serie de síntomas. Deberemos pues tenerlo protegido en todo momento para que dichas enfermedades que pueden estar latentes nunca salgan a la luz.

En segundo lugar, aunque nuestro gato viva siempre en casa, nosotros podemos introducir a través de la ropa o incluso en la suela de los zapatos determinadas partículas con las que podemos contagiar a nuestro felino. Además de todo esto, hay también algunas enfermedades de los perros que se pueden transmitir a los gatos y , por tanto, no deberemos bajar tampoco la guardia en las casas en las que convivan gatos y perros.

Por todo ello es más que aconsejable acercar el gato a nuestro veterinario a la edad de un mes para que verifique la presencia de parásitos intestinales y, en caso de tenerlos, proceda a la pertinente desparasitación interna. Ello nos llevará a tener el gato preparado para recibir la primera dosis vacunal al mes y medio de edad. A partir de aquí será nuestro veterinario el que nos indicará la pauta de vacunación a seguir.

Como resumen diremos que a los gatos se les debe vacunar contra las virosis respiratorias, las virosis digestivas, la leucemia felina y la rabia. Como enfermedades algo menos comunes podemos también citar la clamidiasis y la peritonitis infecciosa felina.

Curiosidad: Los gatos de la raza Manx (procedentes de la Isla del mismo nombre) no tienen rabo porque, según cuenta la leyenda ,fueron los últimos en subir al arca de Noé y este les pilló el rabo al cerrar bruscamente la puerta. Esa falta de rabo hace que anden a saltos como los conejos.

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